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Más allá del estallido de la crisis de la burbuja de las deudas soberanas, ¿Qué hacer? Un análisis desde la economía productiva

Francisco Ferrer, Seminari d’economia crítica Taifa.

Al borde de los precipicios

Cuatro años después del estallido de la crisis del sistema financiero mundial, el mundo económico sigue colgando de un hilo; diariamente nos bombardean con noticias de amenazas: recesiones mundiales, colapsos bancarios, rebajas de ratings, quiebras de países, volatilidades nunca conocidas, caídas de los mercados de acciones, desplome de ventas de grandes empresas, destrucción de empleo sin precedentes… Observamos que los recortes que ayer prometieron como la medicina necesaria, hoy quedan cortos y mañana nos esperan otros de magnitud desconocida. La «receta global»: expulsar de la producción y rebajar el consumo de millones de personas, se propagó por el mundo rápidamente en los primeros meses de 2010. Todos los indicadores reales, inversión, empleo, producción, han empeorado notablemente desde entonces. Después de tantos rescates fallidos, de tantos recursos dilapidados, el sistema sigue hundiéndose y deteriorando el nivel de bienestar de sus ciudadanos, las crisis de las deudas soberanas no es sino otra etapa en un largo camino de derrumbe. Debemos preguntar: ¿Quo vadis, capitalismo?

El origen de la «avería sistémica»

Para entender hacia dónde se dirige el sistema y los porqués de la actual situación de explosión de la burbuja de los créditos de los estados, hay que comprender cómo se generaron estos y la causa real que motiva todos los fenómenos que estamos viviendo. Si analizamos los problemas desde el sistema productivo, todas las situaciones y contradicciones que estamos observando en los últimos años tienden a hacerse más claras. Se puede demostrar, con bastante más extensión que este artículo, que el sistema productivo de 2006, llamado de la globalización neoliberal, estaba en quiebra antes de la crisis financiera de 2007, es más, su declive propició el más grande crecimiento de la masa de capital financiero de toda la historia. Su modo de actuar, en pocas palabras: privatizaciones, liberalizaciones, externalizaciones, deslocalizaciones, fragmentación de la producción, precarización del empleo y disminución de los salarios globales. Y murió de éxito, sus propias contradicciones sistémicas lo llevaron a reencontrarse con sus límites. Consecuencias: sobreproducción de mercancías en casi todos los sectores, capacidad instalada de producción superior a la que podía rentabilizar, límites ecológicos, creciente nivel de desigualdad, caídas de precios y finalmente de beneficios.

El primer origen de las deudas soberanas

Uno de los límites del sistema de producción era la creciente desigualdad en los niveles de explotación entre países. El modelo de la globalización consiguió fabricar donde los sueldos eran mínimos y transportar la producción a los países centrales altamente consumidores, la deslocalización provocó balanzas comerciales altamente desequilibradas. Con un gran superávit, los países exportadores de valor trabajo, China, países emergentes, asiáticos, con un alto componente de trabajo no pagado, los países exportadores de bienes mercancías intensivas en capital, Alemania, Finlandia, también los países con rentas petroleras que extraen riqueza de su subsuelo y entierran papeles verdes en cámaras acorazadas bajo tierra. Por otro lado, con un gran déficit comercial, los países consumidores netos de bienes y servicios, EEUU (el gran agujero negro que absorbe la producción mundial emitiendo a cambio papeles verdes que dicen confiar en Dios), Gran Bretaña, España, Italia, Grecia, Irlanda. Todos ellos incrementando sus niveles de deuda, ya que el sistema no intercambiaba valores equivalentes sino producción por flujos de dinero que posteriormente se convertía en créditos, en bonos, en deuda, en derivados financieros, en capital ficticio, sin respaldo en bienes y servicios reales.

Desproporción, caos y el rescate de los poderosos

La creciente desproporción en el comercio mundial, unida a la caída de rentabilidad real de los negocios y el gran crecimiento del capital especulativo ficticio generan el mayor crecimiento del crédito, a las empresas, a los particulares y a los estados. Los bancos y otras entidades financieras poseen 70 veces el importe de la riqueza real mundial y siguen multiplicando… hasta que los problemas en la esfera de lo real se hacen imposibles de ocultar y llega el caos conocido por todos, la historia reciente del capitalismo es el intento fallido de recuperar el capital financiero. La cronología del rescate de los poderosos es paralela a la desposesión de las clases populares, la crisis de las deudas es un simple eslabón en el intento de encadenar al mundo a un capital financiero que perdió su valor.

Las deudas soberanas crecen en exponencial diabólica

Las antiguas deudas de los países consumidores se verán multiplicadas exponencialmente: la caída de la recaudación fiscal, debido a políticas neoliberales de reducción de impuestos y al colapso de la actividad por derrumbe de modelo de producción. Los costes del rescate bancario. El incremento del gasto social paliativo y el coste de las primeras respuestas de estímulo de la economía crearán una necesidad urgente de financiar los déficits de todos los estados al mismo tiempo. El sistema financiero recién rescatado de su fallida acudirá a prestar a los estados sometiéndolos a sus exigencias. Los tipos de interés impuestos a los desesperados multiplicarán rápidamente los importes de los pagos. La trampa de la deuda ha abierto sus dientes. (Las consecuencias sobre las poblaciones son ampliamente detalladas en otro capítulo.)

Y en esta situación ¿qué pasa si un país NO paga su deuda? ¿Cuáles son las consecuencias para las poblaciones si se decide pagar? ¿Es mejor salir del euro? ¿Puede Grecia llegar a la quiebra? ¿Saltará por los aires la UE?

Doce respuestas poco ortodoxas:

  • 1. Muchos de los dilemas se plantean suponiendo que existe alguna probabilidad de que los países puedan pagar, esto es incorrecto. Los volúmenes de deuda existente son impagables desde una economía productiva planetaria que no funciona. Si no se podrá pagar, cuanto antes se deje de hacerlo ocasionará menor sufrimiento.
  • 2. Los grandes grupos financieros deben perder sus apuestas fallidas, por ejemplo, aquellos bancos y fondos alemanes que prestaron al sistema bancario español para que inyectara en la burbuja inmobiliaria, alterando sus precios y construyendo un millón de pisos invendibles, deben perder toda su inversión, tienen todo el derecho de llevarse los tochos.
  • 3. La gente debe saber que la gran cantidad de capital ficticio existente en la economía fue la que infló el precio de los pisos. Parte de esa deuda es ficticia.
  • 4. Una buena parte del déficit existente se originó por las bajadas de impuestos realizadas en unos años de «falso superávit», el Estado en todos sus niveles estaba recogiendo impuestos de unas obras que nunca se podrán valorizar.
  • 5. Como dijo un lord inglés, cuando el importe de la deuda es muy importante el problema es del acreedor. Los bancos y fondos que pagaron el consumo de los países hoy más endeudados están en quiebra real, los presuntos «rescates de países» no son otra cosa que un nuevo salvamento del capital financiero.
  • 6. Los gobiernos alemán y chino fomentaron una economía basada en exportaciones, deprimiendo su consumo interno creando grandes masas de ahorro prestado para que otros pudieran seguir comprando su producción. Ahora dicen que no quieren pagar «la fiesta». Su problema es que ya la pagaron, y generaron un valor en exceso en producción real.
  • 7. Las tensiones del euro provocadas por las dilaciones de alemanes, austríacos y finlandeses en asegurar la estabilidad financiera común provocan una inestabilidad muy grande en los mercados financieros; eso hace bajar el euro y favorece las exportaciones. En un contexto de guerra mundial de divisas, nuestros países exportadores ganan jugando a la incertidumbre que crean, los costes son para la periferia en forma de incrementos de los tipos de interés de la deuda que también pagan aquellos en una gran parte.
  • 8. La salida del euro de los países con problemas supondría una apreciación del tipo de cambio mayor que los acontecidos en Suiza, Australia o Japón. El euro compuesto solo de economías fuertes se convertiría en una moneda de reserva mundial. En este momento grandes masas de capital están buscando refugio a su depreciación sistémica y se están protegiendo las divisas de las economías menos inestables para huir del riesgo de un nuevo desplome de capital ficticio. Estas entradas masivas de capitales provocan apreciaciones fuertes de la moneda. Empresas australianas dedicadas a la exportación deben cerrar ya que sus precios al cambio se han convertido en no competitivos. Las ventas alemanas y francesas se desplomarían así como su producción, empleo y renta. Una estrategia de crecer mediante la exportación requiere en este momento controlar el tipo de cambio. Los exportadores europeos utilizan el titubeo en el rescate griego como arma de devaluación competitiva.
  • 9. La alternativa de salida del euro para la economía española supondría una multiplicación de la actual deuda por el mismo importe en que se devaluase la nueva moneda.
  • 10. Con crisis de la deuda soberana o sin ella, el capital financiero global está llegando nuevamente a su límite de desproporción. Indicadores como la volatilidad, el precio del oro, incremento de los depósitos de los bancos en el banco central, los costes de asegurar los bonos de las empresas, nuevas tensiones en el mercado interbancario y problemas emergentes en bancos importantes, hacen prever una nueva caída del castillo de naipes falsamente reconstruido. Esta vez el rescate bancario será muy difícil, ya que los estados no podrán justificar nuevos pagos.
  • 11. Si miramos la historia, a los países que no han pagado sus deudas, a medio plazo no les fue mal. Entre los ejemplos encontramos a México en 1861, EEUU a España en la guerra de Cuba, la URSS en 1918, Costa Rica, Islandia, Argentina, Ecuador y la propia España, que lo hizo en bastantes ocasiones durante el reinado de los Austrias.
  • 12. La reciente reforma exprés de la Constitución española indica el desespero de un sistema financiero mundial que presiona a un Estado a aprobar una ley que dice: «Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública gozarán de prioridad absoluta». Se están blindando contra la posibilidad de proponer un impago. Se ha dado prioridad absoluta al pago de la deuda por encima de cualquier pago, aunque este sea para derechos que la propia Constitución declara como intocables.

¿Qué hacer?

Se han expuesto sobradas razones en todo el documento para repudiar la deuda ya. Entonces ¿cómo afrontar el futuro desde esta posición? Para decidir qué hacer debemos contemplar diferentes escenarios en los cuales la variable es el nivel de poder político que tomen las clases populares y afectadas.

Nivel total

Con el poder político de los organismos internacionales y con el control de la economía productiva mundial en manos de una auténtica democracia global. Es el escenario demasiado fácil de imaginar, se trata de aplicar políticas globales para avanzar hacia un nuevo orden global. Con ese nivel de poder se puede hacer todo, nos limitamos a proponer cinco medidas rápidas:

  • 1. Reconversión del sistema productivo de la globalización, para así globalizar derechos y condiciones laborales.
  • 2. Control de los tipos de cambio hacia una moneda global ligada a la riqueza real: al valor de lo creado.
  • 3. Control de las finanzas y ponerlas al servicio de la economía real. Ningún movimiento especulativo será posible, porque los poderes democráticos impedirán finanzas no ligadas directamente a la producción de bienes y servicios para las personas. La lista de operaciones financieras que son altamente especulativas y los mercados que son altamente tóxicos para la humanidad es fácil de determinar. Hay que suprimirlos, no ponerles una tasa.
  • 4. Control democrático de las inversiones a diferentes niveles de administración: local, regional, etc.
  • 5. Políticas fiscales que tiendan a la armonización, con esto desaparece todo lo parecido a paraísos fiscales y economías sumergidas.

Eso requiere un poder que no tenemos, luego, es el escenario más utópico.

Con el poder europeo en el BCE, UE, Comisión, Parlamento, ¿qué hacer?

En la medida regional, las mismas políticas antes indicadas en medidas concretas:

  • 1. Política industrial para desarrollar todos los países por igual. La desigualdad en la producción es la fuente de imposibilidad de avanzar en la solución de la deuda en Europa.
  • 2. Estabilidad común en un sistema financiero europeo. El segundo rescate solo será posible si se nacionaliza y se construye una banca pública europea de gran fortaleza que asegure los depósitos de los ciudadanos.
  • 3. Urgente normativa laboral europea. Igual que todos, las condiciones de los tratados han tenido hasta ahora el capital como centro —control de la inflación, de la deuda, de los déficits, de los tipos de interés— y hoy podemos decir que han fracasado. Toca la construcción de una Europa centrada en el trabajo, nivel de empleo, distribución de renta, estabilidad y derechos laborales, crecimiento real. Si Maastrich hubiese tenido esas condiciones, hoy Grecia y Portugal no estarían donde están y su deuda no sería un problema planetario.
  • 4. Giro copernicano en las relaciones con los países vecinos. Muchos de los saldos financieros y desproporciones reales han sido originados por las políticas de aranceles, trato a la inmigración, extracción de valor de sus recursos, y esa situación es insostenible.
  • 5. La solución a la parte interna de la deuda soberana europea no es difícil, sabemos que su mayor porcentaje está en manos de los bancos centrales de los propios países, de sus bancos, fondos de inversión o de pensiones y de particulares residentes, es una red de préstamos cruzados entre países. Una quita colectiva debe poner el capital irrealizable en su justo valor. Decidir quién pierde debe ser un ejercicio de control democrático, donde ha de tenerse en cuenta el castigo a los responsables de asignar créditos sin controlar los riesgos.

Pero tampoco tenemos el poder en Europa, este está tomado por las altas finanzas y no parece que vayan a dejarlo.

Con el poder político en el Estado español, ¿qué hacer?

Declarar quiebra y dejar de pagar ya. Eso supone un desmoronamiento del sistema financiero mundial, ya que no hay dinero en la economía mundial para rescatar a España. Es un país demasiado grande para caer, porque arrastra rápidamente toda la economía mundial y el castillo de naipes global se derrumba al instante. Luego, con poder estatal, los mercados negociarán una importante quita de nuestra deuda. Los costes son claros, no vamos a tener créditos en el corto plazo, a largo plazo las finanzas mundiales volverán a prestar su dinero. Eso podemos observarlo en la muy interesante historia de las repudiaciones de la deuda: países perdedores de grandes sumas en deuda repudiada siguieron haciendo sus compras y ventas de mercancías simplemente porque estas les eran rentables.

En esta situación, el ¿qué hacer? se convierte en la búsqueda de la solución a los problemas más importantes que se originan:

  • 1. Buscar alternativas para el pago de las mercancías que necesitamos del exterior.
  • 2. Generar un sistema de pagos alternativo en el interior.
  • 3. Negociar con los inversores directos existentes o futuros.
  • 4. Establecer con el resto de países del euro un calendario de vuelta a la normalidad.

Las alternativas al pago exterior, en divisas, consisten en buscar el equilibrio, sí o sí, de la balanza corriente, mediante la reducción de la dependencia de las importaciones energéticas y el exceso de consumo de valor externo. Eso requiere de la imposición de importantes políticas de ahorro energético, mejora del sistema productivo, impuestos a los bienes de lujo importados y también una apuesta clara por mejorar los sectores que crean bienes y servicios al exterior. Medidas todas ellas que debían de haberse aplicado desde siempre y que ahora serán de urgencia extraordinaria.
Generar un sistema alternativo de pagos internos con carácter temporal parece una quimera pero podemos encontrar históricamente mecanismos que han solucionado este problema. Son un ejemplo los países con sistemas de doble moneda, existencia real de cientos de monedas complementarias, alternativas, locales, etc. O la utilización económica de los IOU, pagarés que California usó recientemente en su quiebra para seguir pagando a proveedores, empleados y ciudadanos. Estos derechos pueden ser usados como medio de pago, ya que son aceptados por los bancos y por la administración.

Negociar con los inversores directos en inversiones reales es importante para asegurar los beneficios mutuos de mantener sus proyectos. Hace años que la inversión directa prácticamente desapareció. En una situación de quiebra financiera este es un duro reto que el poder democrático debe afrontar.

Ni Alemania ni el resto de «países acreedores» son capaces de sobrevivir en una Europa sin euro. La realidad requiere un largo proceso de estabilización y convergencia, esta vez en economía real. Requiere reformular los tratados para dejar de caminar por el borde del precipicio. Requiere un nuevo encaje en el que todos ganen. Y este solo es posible si en todos los demás estados también sus poblaciones alcanzan el poder.

También se pueden hacer recortes alternativos necesarios

Eliminar los gastos de guerras como la de Afganistán o Libia. Sencillamente no podemos pagarlos. Exigir a los personajes que ocasionaron la crisis que devuelvan sus ingresos por el trabajo y la responsabilidad incumplida, empezando por el gobernador del Banco de España. Devolución urgente de los activos tóxicos comprados por el gobierno. Revisión urgente de las rentas que paga el sector público en concepto de alquileres, repliegue del sector público a edificios públicos. Renegociar los contratos de servicios con los proveedores del sector público. Atacar, de verdad, la economía sumergida. Urgente recuperación del expolio que se ha realizado a las arcas del Estado mediante la corrupción, con contratos públicos que generaban importantes beneficios privados.

Pero tampoco tenemos el poder político en el Estado español, y por las encuestas parece que no vamos en camino, luego ¿qué hacer? Y aquí viene el escenario más interesante.

¿Qué hacer? Si no tenemos ningún poder

Y este es el escenario más difícil de crear.

Somos: unas cuantas ONG, unos cientos de movimientos sociales alternativos, varios miles de militantes diversos, cientos de miles de indignados y muchos millones de afectados. ¿Qué haremos? Podemos exigir tasas a los bancos para las transacciones financieras, pedir un referéndum y una auditoría, decir que desaparezcan todos los paraísos fiscales. Todo esto es bueno pero no soluciona en absoluto el problema del colapso del sistema productivo ni las terribles desigualdades que siguen creando en el mundo del trabajo. No hay sistema fiscal capaz de solucionar la gravedad de la distribución primaria de la renta y esta empeora día a día. La única salida real es avanzar hacia una transformación social. De todas formas, propondremos algunas reformas urgentes para la actual situación que puedan responder a la
pregunta ¿qué hacer nosotros?

La formación y toma de conciencia:

  • 1. Propagar y explicar la idea de No pagar la deuda, ni del Norte ni del Sur, «no pasarán, no cobrarán».
  • 2. Dar a conocer cómo funciona este sistema y el modo en que se está usando la deuda para recortar.
  • 3. Entender que solo reparando el desastre del sistema productivo de la globalización saldremos de la crisis.
  • 4. Saber que aún sin tener el poder tenemos capacidad de hacer.

La fase de movilización urgente:

  • 5. Es necesario organizar, coordinar redes de resistencia.
  • 6. Olvidar los cientos de diferencias y trabajar por los míninos comunes, líneas rojas de urgencia.
  • 7. La organización de un nuevo sistema de organizar el poder, empezando por lo local.

Actuaciones concretas de defensa:

  • 8. El stop a los recortes es la contestación urgente al sistema financiero, que es quien los impone.
  • 9. El fin de los desahucios y la toma del derecho constitucional a la vivienda. Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí, y seguimos teniendo cientos de miles de pisos vacíos, propiedad de bancos, que han sido rescatados con fondos públicos. Una defensa de nuestros derechos en ese sentido supondría la caída del precio de los pisos, el deterioro de los balances de los bancos y su imposibilidad de devolver sus créditos con el sistema financiero mundial. Esto genera un derrumbe sistémico del capital financiero ficticio.

No cobrarán, no pasarán. Un primer golpe a la banca internacional y a todos aquellos que gestaron las deudas de espaldas al pueblo. Este hecho reafirmará la confianza en el poder del pueblo. Es un primer paso en el largo camino hacia la victoria completa: el levantamiento de las clases oprimidas contra el poder del capital.

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