Portada » Ópera, música y danza, Poesía y Filosofía » Mexico y el mundo recuerdan a Chavela Vargas

Mexico y el mundo recuerdan a Chavela Vargas

Por Joaquin Sabina. Madrid, 6 de agosto de 2012
 
Dirán que el pasado 5 de agosto ha muerto Isabel Vargas Lizano en Cuernavaca, Morelos.
 
Nacida en 1919, natural de Costa Rica, referente de la canción mexicana, amiga de grandes artistas del siglo XX, cantante de oficio, Isabel, o mejor Chavela, era dueña de un sentimiento que conquistó ambos lados del atlántico
 
Su voz trascendió rancheras, boleros, corridos revolucionarios, tangos y canciones cubanas para forjar un estilo dulce y desgarrado, hondo y bravío, macho y femenino.
 
La verdad es que Chavela Vargas no ha muerto, solo ha comenzado esta noche de agosto su balada inmortal.
 
Yo nunca me tomé copas con mis ídolos: Bob Dylan, Leonard Cohen o Brassens. Y sí, con Chavela, con la que he cantado, nos hemos abrazado y reído hasta hartarnos. Todas esas veces cuentan y contarán siempre entre las más grandes cosas que me han sucedido en la vida.
 
Será difícil, por ejemplo, olvidar cómo la conocí. Fue una noche de hace unos veinte años, en Madrid, en la sala Morasol.
 
Dijo: “Yo vivo en el bulevar de los sueños rotos”. Y yo tuve que escribirle una canción con esa frase.
 
Ya se había recuperado de su alcoholismo. Calculaba que había bebido algo así como 1,8 millones de botellas de tequila y solía decirme cuando me veía beberlo a mí: “Joaquín, ese tequila tuyo es muy malo; el bueno de verdad ya nos lo bebimos José Alfredo Jiménez y yo”.
 
Al conocer la triste noticia, que todos veníamos anticipando, he sentido la necesidad de bajar al bar a tomar uno a su salud, aunque el brebaje sin ella siempre será de los malos.
 
Aquella primera vez, pedí a Pedro Almodóvar que nos presentara. Al acercarme, escuché cómo él le contaba quién era yo, pues Chavela no tenía la menor idea. “La admiro desde niño”, le dije. “Yo también le admiro mucho a usted”, contestó.
 
Nos fundimos en un largo abrazo que nunca aflojamos hasta ayer mismo, incluso aunque no pudiéramos vernos en su última visita a España, un viaje que quizá no debió hacer, pues no estaba en condiciones. Entonces, yo estaba de gira y a ella la ingresaron en un hospital.
 
Con su desaparición, se pierde una manera de cantar llorando, un quejío inigualable, una expresividad fuera de lo común. Ella no vendía una voz, vendía un estilo. Era una maestra en perder la voz al tiempo que ganaba estilo.
Algo en lo que yo, sin duda, tengo mucho que aprender.
 
En estos momentos de pérdida me digo, como en la canción: ¡Quién pudiera reír como llora Chavela!
 
Y recuerdo estas palabras de Almodóvar: “Desde Jesucristo, nadie ha abierto los brazos como ella”.

Deja un comentario

VIDEOS DESTACADOS

SECUENCIA DE FOTOS FLICKR